Actualidad y notas relacionadas a la Copa América de Argentina 2011

miércoles, 20 de julio de 2011

Uruguay, por constancia y solidez


Uruguay volvió, y volvió para quedarse. De la mano de un verdadero maestro como Oscar Tabárez y de una camada de jugadores comprometidos con el entrenador y su proyecto y dispuestos a dejar todo por defender la camiseta, el conjunto celeste ratificó todo lo hecho en el Mundial de Sudáfrica y se metió en la final de la Copa América tras vencer por 2 a 0 a Perú.

Dos goles de su temible delantero Luis Suárez a los 5 y 12 minutos del segundo tiempo fueron demasiado para un rival que, acosado por las lesiones de sus principales jugadores antes y durante el certamen, batalló hasta el final y se marchó con la frente en alto y el orgullo de haber vuelto a poner a su selección en los primeros planos del fútbol continental.

Desde el comienzo mismo del encuentro quedaron expuestas las intenciones de ambos equipos. Uruguay, con su intensidad defensiva característica, intentó siempre avanzar por las bandas con los Pereira –Maxi por derecha, Álvaro por izquierda- para asistir a Forlán y Suárez, además de exprimir al máximo cada pelota parada que disponía cerca del arco defendido por Fernández. Por su parte, Perú, asfixiado por la dura marca de Gargano y Arévalo Ríos en el mediocampo, buscaba con pelotazos a sus dos estrellas, Vargas y Guerrero, que hacían lo imposible para generar algún peligro entre camisetas celestes que se multiplicaban a cada paso que daban.

El primer tiempo se fue sin demasiado para rescatar. Apenas algunas aproximaciones peligrosas del equipo de Tabárez –que siempre fue superior- y un centro picante de Vargas que ni Guerrero ni Advíncula pudieron desviar. Hasta allí el 0 a 0 le quedaba bien el partido.

Pero en la segunda etapa todo cambió rápidamente. A los 5, un rebote demasiado largo de Fernández tras un tiro bajo de Forlán fue capitalizado por el siempre atento Luis Suárez, que marcó el primero. El técnico peruano Markarián procuró adelantar a sus dirigidos en la cancha con el ingreso de Chiroque (así como Vargas, también limitado físicamente), pero tan sólo unos minutos después una magistral asistencia de Álvaro Pereira dejaba a Suárez mano a mano con el arquero para que éste definiera suave ya con Fernández superado.

El impacto del segundo gol rioplatense exacerbó los ánimos de un Vargas que sufría los golpes de los centrales uruguayos y la pasividad del árbitro. A los 23, el mediocampista de la Fiorentina le propinó un tremendo codazo a Coates y se fue expulsado, dejando a su equipo con un hombre menos y al partido casi definido. Los últimos 20 minutos transcurrieron, entonces, con un Uruguay muy cómodo que incluso se dio el lujo de cuidar a sus jugadores amonestados. La emocionante entrega de Paolo Guerrero y las buenas acciones individuales de Chiroque no fueron suficientes para cambiar el resultado, y la celeste llegó, una vez más, a la final de la Copa.

Más allá de lo que pueda llegar a suceder el domingo en el Estadio Monumental, lo hecho por el equipo charrúa es digno de admiración. Luego de una frustrante ausencia en el mundial del 2006, el fútbol de ese país experimentó un verdadero cambio de rumbo que en tan sólo cinco años ya cosechó muchos éxitos: un subcampeonato en el reciente mundial sub17, la clasificación a los Juegos Olímpicos (algo que no se lograba desde 1928), el cuarto puesto en Sudáfrica, el segundo puesto de Peñarol en la Libertadores, y esta gran actuación en la Copa América. Todo un ejemplo de seriedad y trabajo que, tal vez, debería ser imitado por cierta entidad con sede en la calle Viamonte.

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