Su gran habilidad y recorrido por toda la cancha lo fueron llevando a convertirse en el primer jugador polifuncional de la historia del fútbol argentino, el más completo y además, a ser uno de los 24 futbolístas que integran el salón de la fama de la AFA.
Gambeteador, guapo, encarador, inteligente, autor de 112 goles pese a jugar muchas veces en posiciones de retaguardia. Ese era él, un futbolista con mucha entrega y dispuesto a hasta ponerse los guantes de arquero, como lo hizo en dos ocasiones en Independiente, sustituyendo en el arco a Fernando Bello y terminando con la valla invicta, algo increíble para un jugador que no se destaca en esa posición. El “Cuila” o “Sastrín”, como lo bautizaron desde los tablones, se adaptaba de muy buena manera a cualquier puesto: jugaba bién de punta, de entreala izquierdo o derecho, volante y zaguero central, y hasta en la Selección Argentina , de marcador de punta por derecha; puesto que ocupó en su primer campeonato Sudamericano (actual Copa América), en 1937, en donde Sastre deslumbró por sus grandes actuaciones frente a Brasil y se coronó campeón.
Esa era su gran meta deslumbrar y dejar perplejos a sus rivales, para así llegar nada más ni nada menos a la gloria y quedar marcado en la historia del deporte mundial. En el Sudamericano de 1941, organizado por Chile, demostró nuevamente que su inteligencia y guapeza seguían en pié: condujo dentro del campo de juego magistralmente a la Argentina y hasta se dio el lujo de marcar el gol que le concedió el Sudamericano número seis a su país.
Su amor por el fútbol lo fue llevando a ser querido no sólo en su país natal, sino que tambien en Brasil, en donde una estatua lo representa en el estadio Morumbí. Sus tres títulos logrados defendiendo la camiseta del San Pablo, que hasta que él llegase no había podido levantar un trofeo, lo dejaron en la historia del fútbol “carioca”. El maestro le decían por esas tierras y su maestría nunca dejó de existír. Ya retirado de la actividad Gimnasia de La Plata le pidió que defienda por un año sus colores en el Nacional B, ya que el lobo había descendido. El no sólo acepto, sino que se puso el equipo al hombro y lograron el ascenso. Este hecho es uno de los tantos sobresalientes en toda su carrera futbolística que quedó marcada no solo en la Argentina , sino que también en varias partes del planeta tierra, en donde su leyenda todavía continúa viva.
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