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martes, 26 de julio de 2011
¿Hasta cuando?
domingo, 24 de julio de 2011
Celeste, siempre Celeste

Al conjunto dirigido por Oscar Tabárez le bastó el primer tiempo para justificar con creces su victoria en este partido. Ya desde el minuto de juego había generado dos claras situaciones de gol que, de no ser por una monumental tapada de Justo Villar y del error del árbitro Fagundes que no vio una intencional mano de Néstor Ortigoza sobre la línea, le habrían bastado para ponerse en ventaja. Uruguay era un vendaval y los guaraníes se limitaban a aguantar como podían el cero en su arco o, lo que es lo mismo, a jugar como lo habían hecho casi siempre en esta Copa: muy retrasado y sin propuestas más allá de la de conservar el empate.
Sin embargo, a los 11 minutos se dio lo que los palos, travesaños, defensores en la línea y, principalmente, Villar, le habían negado a los rivales de turno de los paraguayos. Tras una carambola cerca del área la pelota le cayó en los pies a Luis Suárez que se las ingenió frente a Verón para sacar un zurdazo que se esquinó aún más al rebotar en el calvo defensor y entró pegada al palo: 1 a 0 y delirio de las tribunas del Monumental, ocupado en su gran mayoría por público de la república oriental.
Con el resultado a favor, los celestes bajaron el ritmo de sus ataques y el partido entró en un pozo. Las carencias ofensivas paraguayas de siempre se vieron incrementadas por la asfixiante presión del mediocampo uruguayo (a esta altura, ya una marca registrada del equipo), sobre todo sobre su principal generador de juego, Ortigoza, de muy mal primer tiempo. Y justamente Ortigoza fue el que perdió la pelota sobre su campo con su defensa mal parada ante el inmenso (no por tamaño, sino por quite y entrega) Arévalo Ríos, quien habilitó a Forlán para que éste definiera con un potente remate cruzado y pusiera el merecido 2 a 0 a los 41 minutos.
El primer tiempo concluyó como empezó: con un Uruguay muy agresivo y metido que llevaba todo el juego y el peligro al campo albirrojo, al punto que Muslera no la tocó en toda la primera mitad. Una goleada histórica parecía avecinarse.
Pero los últimos 45 minutos tuvieron otra tónica. Los dirigidos por Tabárez decidieron explotar la falta de ideas de los paraguayos, que al no conseguir profundidad muchas veces concluían sus ataques con pelotazos sin sentido al bueno de Haedo Valdéz, que poco pudo hacer ante la defensa charrúa, más allá de un muy buen remate de volea que cacheteó bárbaro Muslera y pegó en el travesaño.
El partido parecía liquidado y desde el banco paraguayo efectuaron un último intento por cambiar la historia con los ingresos del movedizo Hernán Pérez por derecha, Estigarribia por izquierda y el delantero argentino nacionalizado Lucas Barrios adelante, que no había empezado entre los 11 por molestias físicas y tan sólo 7 minutos después de haber entrado sufrió un desgarro que dejó a su selección con un jugador menos a los 38 minutos del segundo tiempo.
Con Paraguay completamente jugado en busca de un descuento que le diera lugar a la esperanza, un contraataque de manual dejó a Forlán mano a mano con el arquero tras cuatro pases entre González, Cavani y Suárez. El rubio delantero definió contra un palo y le puso cifras definitivas al encuentro: 3 a 0 y Uruguay campeón.
Poco queda por agregar a lo ya dicho anteriormente del seleccionado uruguayo. Un conjunto en donde cada uno sabe el rol que tiene que cumplir y lo hace con alma y vida, entendiendo que hay un equipo que está por encima de cualquier nombre. Cuartos en el último mundial y ahora campeones de Sudamérica, cuesta imaginar el techo para un seleccionado que es tan consciente de sus falencias como de la manera de explotar sus virtudes. Por lo pronto, ahora sólo hay que felicitarlos y dejarlos festejar.
jueves, 21 de julio de 2011
Paraguay está condenado a ser campeón
Tras un partido de 120 minutos, Paraguay está en la final de la Copa América 2011, quizás sin merecerlo, pero igual llegó y se enfrenta al equipo que eliminó a la Selección Argentina el domingo en la cancha de River. Un partido que fue casi un monólogo por parte de la Selección “vino tinto” dirigido por César Farías, manejo los tiempos y ritmos del encuentro, manejando la pelota y creando muchísimas situaciones de gol. A veces atropellando, en otros momentos por buen manejo, pero siempre llegó, aunque sin contundencia, haciendo figura al arquero del equipo dirigido por Martino y siendo claro merecedor de llegar a la final. Por su parte, Paraguay está ahora en la final sin haber ganado ni perdido ningún partido de la Copa, empatando todos los encuentros del grupo y ganando por penales los partidos de cuartos y semifinal. En esta ocasión, más que nunca, se lució el arquero Justo Villar, atajando las situaciones más claras del partido de los venezolanos, y aguantar todo el partido hasta la tanda de penales. A la Selección guaraní no se le cayó una idea para crear oportunidades de gol, y casi en ningún momento incomodó al arquero Renny Vega. Una vez que llegaron a los penales, la serie comenzó con todos anotando, hasta la tercera ejecución hecha por Franklin Lucena y atajada por Justo Villar, que alcanzó para que Paraguay esté en la final de esta Copa, más que mediocre, en cuanto al juego propuesto por los equipos. Martino declaró tras el partido con Brasil que tuvieron suerte de pasar, definitivamente tienen suerte de estar donde están, ahora le toca un rival durísimo como Uruguay, que a priori llegaría mejor. Los paraguayos están condenados a ser los campeones, no ganaron y juegan una final, siempre a base de la suerte.
miércoles, 20 de julio de 2011
Uruguay, por constancia y solidez

Uruguay volvió, y volvió para quedarse. De la mano de un verdadero maestro como Oscar Tabárez y de una camada de jugadores comprometidos con el entrenador y su proyecto y dispuestos a dejar todo por defender la camiseta, el conjunto celeste ratificó todo lo hecho en el Mundial de Sudáfrica y se metió en la final de la Copa América tras vencer por 2 a 0 a Perú.
Dos goles de su temible delantero Luis Suárez a los 5 y 12 minutos del segundo tiempo fueron demasiado para un rival que, acosado por las lesiones de sus principales jugadores antes y durante el certamen, batalló hasta el final y se marchó con la frente en alto y el orgullo de haber vuelto a poner a su selección en los primeros planos del fútbol continental.
Desde el comienzo mismo del encuentro quedaron expuestas las intenciones de ambos equipos. Uruguay, con su intensidad defensiva característica, intentó siempre avanzar por las bandas con los Pereira –Maxi por derecha, Álvaro por izquierda- para asistir a Forlán y Suárez, además de exprimir al máximo cada pelota parada que disponía cerca del arco defendido por Fernández. Por su parte, Perú, asfixiado por la dura marca de Gargano y Arévalo Ríos en el mediocampo, buscaba con pelotazos a sus dos estrellas, Vargas y Guerrero, que hacían lo imposible para generar algún peligro entre camisetas celestes que se multiplicaban a cada paso que daban.
El primer tiempo se fue sin demasiado para rescatar. Apenas algunas aproximaciones peligrosas del equipo de Tabárez –que siempre fue superior- y un centro picante de Vargas que ni Guerrero ni Advíncula pudieron desviar. Hasta allí el 0 a 0 le quedaba bien el partido.
Pero en la segunda etapa todo cambió rápidamente. A los 5, un rebote demasiado largo de Fernández tras un tiro bajo de Forlán fue capitalizado por el siempre atento Luis Suárez, que marcó el primero. El técnico peruano Markarián procuró adelantar a sus dirigidos en la cancha con el ingreso de Chiroque (así como Vargas, también limitado físicamente), pero tan sólo unos minutos después una magistral asistencia de Álvaro Pereira dejaba a Suárez mano a mano con el arquero para que éste definiera suave ya con Fernández superado.
El impacto del segundo gol rioplatense exacerbó los ánimos de un Vargas que sufría los golpes de los centrales uruguayos y la pasividad del árbitro. A los 23, el mediocampista de la Fiorentina le propinó un tremendo codazo a Coates y se fue expulsado, dejando a su equipo con un hombre menos y al partido casi definido. Los últimos 20 minutos transcurrieron, entonces, con un Uruguay muy cómodo que incluso se dio el lujo de cuidar a sus jugadores amonestados. La emocionante entrega de Paolo Guerrero y las buenas acciones individuales de Chiroque no fueron suficientes para cambiar el resultado, y la celeste llegó, una vez más, a la final de la Copa.
Más allá de lo que pueda llegar a suceder el domingo en el Estadio Monumental, lo hecho por el equipo charrúa es digno de admiración. Luego de una frustrante ausencia en el mundial del 2006, el fútbol de ese país experimentó un verdadero cambio de rumbo que en tan sólo cinco años ya cosechó muchos éxitos: un subcampeonato en el reciente mundial sub17, la clasificación a los Juegos Olímpicos (algo que no se lograba desde 1928), el cuarto puesto en Sudáfrica, el segundo puesto de Peñarol en la Libertadores, y esta gran actuación en la Copa América. Todo un ejemplo de seriedad y trabajo que, tal vez, debería ser imitado por cierta entidad con sede en la calle Viamonte.
