En un Brigadier Estanislao López colmado de público, se vio el encuentro más emocionante de esta edición, siendo friccionado por momentos, bien jugado por otros y hasta histórico por su definición. Argentina jugó, tal vez, el mejor partido de la Copa América y hasta mereció ganarlo. Complicado por el gol tempranero de Diego Pérez (debió haberse ido expulsado a los dos minutos) supo como, con tranquilidad, superar la desventaja y empatar rápidamente. Con un pase magistral de Lionel Messi que Gonzalo Higuaín no desaprovechó y liquidó de cabeza a Fernando Muslera.
El local tuvo la pelota, la manejó con criterio y aprovechó mucho la subida de sus laterales por los costados. Sin embargo le faltó claridad en los últimos metros y no pudo definir las situaciones favorables. También sufrió mucho las reiterativas faltas que sus centrales le daban a Uruguay. Fue por esa vía que llegaron las más claras de los orientales, ya que Lugano ganó en todas las pelotas aéreas y complicó a Romero. En el segundo tiempo, con un hombre de más, el equipo se vio perdido y deslucido. Gago ya no era la conexión que Messi tuvo en la primera etapa y el despliegue de los volantes uruguayos era mayor. Por eso Batista buscó fluidez con los cambios de Javier Pastore (por Di María) y Carlos Tévez (por Agüero), pero sólo encontró desprolijidad y desconcierto, por la poca asociación que tuvieron con el de Barcelona. Javier Mascherano vio la roja al minuto 86 y a partir de allí Argentina se mostró partida. Fue en ese momento que salió a la luz la inexperiencia y falta de concepto de Batista que, viendo lo anterior, no tuvo reacción y dejó que Uruguay le controle la mitad de la cancha.
Los de Tabárez tuvieron tres pilares fundamentales, que le dieron la chance de llegar a los penales. Arrancando por Egidio Arévalo Ríos que, ante la falta de Pérez, fue un pulpo en el mediocampo (aunque con muchas faltas) y se desdobló en la marca, siendo una molestia constante para Messi. En la ofensiva, cabe destacar la repetida buena actuación de Luis Suárez, una pesadilla constante para los centrales argentinos, haciendo expulsar a Mascherano, cargando de amarillas a la mitad del equipo y hasta elaborando una jugada que, en la última, casi le da el triunfo a Uruguay. Por último, el arquero Muslera, clave en los 120 minutos de partido para que su equipo alcance la semifinal y coronándolo con el penal tapado a Tévez. Figura.
De esta manera Argentina, organizador, se despide habiéndole ganado sólo a la reserva de Costa Rica y yéndose de otra copa sin poder conseguir ningún título desde 1993. Mientras tanto, los orientales se enfrentarán, el próximo martes, en La Plata , a la selección peruana que viene de eliminar a la invicta Colombia y sorprende a toda América.
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